
Arrancó como un chisme livianito, de esos que uno lee y dice “es todo un tema”… y terminó en un culebrón con tufillo a política. Roberto García Moritán y Virginia Gallardo, en el centro de la escena, con una historia que mezcla coqueteo, ambición y algún vuelto que pica.
Todo explotó en La Mañana con Moria. Ahí, entre risas y chicanas, le tiraron el nombre de Virginia y Moritán no se achicó. Le tiró flores sin pudor: inteligente, empática, perfil ideal para gobernar Corrientes. “Siganme, no los voy a defraudar”, casi le faltó decir. Un discurso que sonó más a acto que a cita.
Después vino el “yo no tiro centros, hago pases a la red”: contó que empezaron a hablar en un programa anterior, que pegaron onda, que charlan de actualidad… y cuando Moria lo apretó, largó la bomba: no le cerraría la puerta a un romance. “¡Atajate esta!”, en vivo y sin anestesia.
Pero claro, cuando parecía todo color de rosa, apareció la otra campana. Mensaje de Gallardo, corto y filoso: “Si supieran cuánto tengo para decir…”. Y ahí sí, “se picó”. Porque cuando alguien tira esa, el subtexto grita más fuerte que el audio. “No lo entenderías”… o sí.
El tema es que la novela no se quedó en besitos al aire. Entró a jugar Pablo Duggan y metió plancha. Sin filtro, sin VAR: “Salí de ahí”, le había advertido a Virginia. Y ahora redobló la apuesta con una frase que dejó a todos mirando: Moritán estaría “desesperado” por volver a la política y acercarse a La Libertad Avanza.

“¿Usted se tiene que arrepentir de lo que dijo?”, podría saltar cualquiera en ese cruce. Pero Duggan fue al hueso: según él, esto no sería amor, sería estrategia. Rosca pura. Un “me anotó un amigo” pero versión poder.
Del otro lado, Moritán, caliente. Porque nadie quiere que le marquen la cancha así. Y menos cuando la jugada todavía está en veremos.
Entonces, ¿qué hay? ¿Química real o jugada política con perfume a romance? Difícil saberlo. Pero en este país ya aprendimos algo: cuando la farándula y la política se mezclan… “la grieta” también se mete en el medio.

Por ahora, “cero drama” de cara a la tribuna. Sonrisas, guiños y declaraciones medidas. Pero abajo, el partido está bravo. Y como diría el Diego: “lástima a nadie, maestro”.
Esto recién arranca. Y promete.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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