
Por Cristian Iuale
“Es todo un tema”… pero alguien lo tenía que decir. Y Carolina Losada lo dijo, sin vueltas, sin careta y con los tapones de punta.
En charla radial, la senadora puso sobre la mesa un proyecto que incomoda, que genera ruido, pero que —para muchos— era una deuda pendiente: ponerle un freno a las falsas denuncias. Porque, como ella misma tiró clarito, “el que miente le quita recursos a las verdaderas víctimas”. Y ahí no hay grieta que valga.
La movida ya empezó a hacer olas. En cuestión de días, casi 600 personas anotadas para una jornada en el Senado. Hubo que cerrar el formulario porque no entraba un alfiler. “¡Atajate esta!”, diría cualquiera viendo el interés que despertó el tema. Señal de que la discusión está más viva que nunca.
El proyecto vuelve a comisión —otra vez— buscando los votos que todavía no aparecen. Y ahí es donde la cosa “se picó”. Porque según Losada, hay varios que en privado te dicen “sí, está bien”… pero después, a la hora de levantar la mano, miran para otro lado. “¿Usted se tiene que arrepentir de lo que dijo?”, les calzaría justo.
La clave del planteo es simple, pero potente: igualdad real ante la ley. Ni más ni menos. Hoy, en algunos casos, la lógica parece al revés: primero sos culpable, después ves cómo zafás. Y eso, en cualquier barrio, suena raro. Muy raro.
Losada insiste en algo que muchos prefieren esquivar: esto no va contra las víctimas reales. Al contrario. Va a favor. Porque cuando el sistema se llena de denuncias falsas, se diluye la atención, se pierde credibilidad y las que de verdad necesitan ayuda… quedan en offside. “No lo entenderías” si no lo ves de cerca, pero pasa.
Y sí, incomoda. Porque mete el dedo en la llaga. Porque obliga a hablar de lo que no garpa en la tribuna. Pero como diría el Diego: “lástima a nadie, maestro”. Si hay que ordenar, se ordena.
En el medio, también dejó una lectura política filosa: hay miedo, hay cálculo, hay conveniencia. “Estamos mal, pero vamos bien”, ironizaría alguno viendo cómo se dilatan decisiones que ya tendrían que estar tomadas.
Después, tiró otra: sobre el vocero presidencial, pidió que dé un paso al costado hasta que se aclare su situación. Sin rodeos. “Cero drama”, pero con responsabilidad.
A esta altura, la sensación es clara: Losada juega fuerte. No especula, no se esconde. Va de frente, aunque incomode.
Y en un escenario donde muchos prefieren el silencio cómodo, eso —te guste o no— ya marca la diferencia.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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