
En Salta, mientras algunos siguen discutiendo quién tiene la pelota, hay otros que entendieron que el partido de verdad se juega en la cabeza y en el corazón. Y ahí, hermano, “es todo un tema”.
Esta mañana, la Cámara de Diputados armó una mesa de diálogo con docentes, especialistas y organizaciones para meterle mano en serio a un proyecto que viene sonando fuerte: la Educación Socioemocional. Nada de chamuyo, eh. Acá la idea es bajar a tierra algo que en las aulas ya se vive todos los días, aunque muchos miren para otro lado como diciendo “me anotó un amigo”.
El impulsor, el diputado Gastón Galíndez, la tiró sin vueltas: hay que entender qué les pasa a los pibes antes de que “se pique” de verdad. Porque claro, después vienen los lamentos, los “no me dejes solo” y todos mirando al costado. Y ahí ya es tarde.
La propuesta es clara: que la educación emocional sea obligatoria desde jardín hasta secundaria. O sea, enseñar a reconocer lo que sentimos, a ponerle nombre a la bronca, a la angustia, a la ansiedad… a todo eso que si no se labura, explota. Porque como diría la calle, “¡atajate esta!”: hay más de 450 emociones dando vueltas en la cabeza y duran segundos… pero si no las sabés manejar, te arruinan el día, la semana o la vida.
Galíndez lo dejó picando: hoy muchos chicos sienten, pero no saben qué hacer con eso. Y en un contexto donde las noticias duelen —como el caso trágico de Santa Fe— mirar para otro lado no es opción. “La casa está en orden”, decía Alfonsín… bueno, acá claramente no. Y hay que ordenarla.
Por eso estas mesas no son solo reuniones para la foto. Son el intento de juntar piezas, escuchar a los que están en la trinchera y armar algo que sirva de verdad. Porque si seguimos como estamos, “estamos mal, pero vamos bien”… y ya sabemos cómo termina esa película.
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