
Después de casi cuatro décadas sin recibir a un pontífice, la Argentina se prepara para una visita histórica. Del 8 al 11 de noviembre, el papa León XIV recorrerá Buenos Aires, Córdoba y Luján, se reunirá con Javier Milei y llevará su mensaje a una sociedad donde la fe convive con la grieta, las urgencias económicas y esa costumbre tan nuestra de discutir hasta lo indiscutible.
El Vaticano tiene sus rituales, sus sotanas impecables, sus silencios diplomáticos y una elegancia que no necesita tarjeta black para hacerse notar. La Argentina, en cambio, tiene inflación, discusiones políticas, cafés donde todos se creen ministros de Economía y una sociedad que vive entre la esperanza y el hartazgo. En ese escenario aterrizará el papa León XIV, el próximo domingo 8 de noviembre, dispuesto a protagonizar uno de los acontecimientos religiosos y políticos más importantes de los últimos años. Porque, como decía la abuela, Dios aprieta, pero no ahorca. Aunque por estas pampas más de uno ya está pidiendo que afloje un poquito.
La llegada tiene un significado histórico que trasciende cualquier protocolo. Desde abril de 1987, cuando Juan Pablo II recorrió nuestro país durante la presidencia de Raúl Alfonsín, ningún pontífice había vuelto a pisar suelo argentino. Y la paradoja resulta inevitable: Jorge Mario Bergoglio, el entrañable papa Francisco, nacido en Flores, hincha de San Lorenzo y conocedor como pocos de nuestras contradicciones, jamás regresó a su tierra durante su pontificado. Ahora será su sucesor quien venga a saldar, al menos simbólicamente, aquella visita pendiente. Una historia que demuestra que nadie es profeta en su tierra, aunque en este caso el profeta haya llegado hasta el Vaticano.
La agenda comenzará el domingo 8, cuando León XIV arribe desde Montevideo al Aeroparque Jorge Newbery, alrededor de las 16.30. Después de rendir homenaje al general San Martín, se trasladará a la Casa Rosada, donde Javier Milei lo recibirá a las 17.50. La imagen promete convertirse en una postal histórica: el representante de una Iglesia que coloca la dignidad humana y la solidaridad en el centro de su doctrina frente a un presidente que convirtió la batalla cultural y la libertad económica en sus principales banderas. Habrá sonrisas, fotografías oficiales y diplomacia de alto vuelo. Pero, como suele decirse en los pasillos del poder, una cosa es lo que se muestra en la vidriera y otra lo que se conversa en el depósito.
El encuentro también tendrá una dimensión política imposible de disimular. Milei ya había visitado al pontífice en el Vaticano y su Gobierno trabajó junto con la Iglesia argentina para concretar el viaje. Sin embargo, León XIV no llegará para bendecir una gestión ni para convertirse en árbitro de las disputas partidarias. Su visita será fundamentalmente pastoral. Y en una Argentina donde la política suele apropiarse hasta de los abrazos, habrá que ver quién comprende que una fotografía con el Papa no equivale a un certificado celestial de buena conducta.
El lunes 9 ofrecerá una de las jornadas más emotivas. El pontífice visitará el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, institución dedicada al cuidado de personas con discapacidad. Será una parada cargada de simbolismo en momentos en que las políticas de asistencia y el financiamiento de las prestaciones generan controversias. Más tarde celebrará una misa multitudinaria en el Monumento de los Españoles, en Palermo, el mismo escenario donde Juan Pablo II reunió a miles de fieles en 1982. Por la tarde se encontrará con representantes del mundo del trabajo en la Universidad Católica Argentina y cerrará su jornada con actividades interreligiosas y una celebración en la Catedral Metropolitana. Porque, al fin y al cabo, obras son amores y no buenas razones.
El martes 10 será el turno de Córdoba. Allí celebrará una misa en la Escuela de Aviación Militar y mantendrá un encuentro con religiosos y seminaristas en la Catedral. Después regresará a Buenos Aires para compartir una vigilia con jóvenes en Palermo. La elección no es menor: una Iglesia que pretende dialogar con las nuevas generaciones necesita escuchar sus inquietudes, sus frustraciones y sus expectativas. Los jóvenes de hoy no viven en la Argentina de 1987. Tienen celulares, inteligencia artificial, empleos inciertos y una relación con las instituciones bastante más compleja. No alcanza con pedirles que tengan fe; también necesitan motivos para creer en el futuro.
El miércoles 11, antes de despedirse del país, León XIV visitará el complejo penitenciario de Devoto y celebrará una misa en Luján, uno de los centros espirituales más queridos por los argentinos. Allí, donde generaciones enteras llegaron caminando para agradecer, pedir trabajo, rogar por un familiar enfermo o simplemente encontrar consuelo, el pontífice tendrá una oportunidad privilegiada para hablarle al corazón de la sociedad. Después partirá hacia Perú, completando la etapa argentina de una gira sudamericana que también incluye Uruguay. Y mientras algunos estarán pendientes del ceremonial, otros seguramente llevarán en silencio sus propias plegarias. Porque cuando las papas queman, hasta el más escéptico mira para arriba.
La visita también llega después de semanas de preocupación por la salud del Santo Padre. León XIV fue intervenido quirúrgicamente en octubre por una afección pulmonar y recibió el alta médica con una evolución favorable. La Santa Sede ratificó que podía emprender el viaje, sin modificar el programa previsto. El propio pontífice había dejado una señal de entusiasmo cuando, ante una pareja argentina de recién casados que lo esperaba en Roma, respondió con una frase sencilla y contundente: “Argentina, allá vamos”. Cuatro palabras que, para millones de fieles, tuvieron más valor que cualquier comunicado protocolar.
La presencia de León XIV representa además una oportunidad para recuperar algo que parece haberse extraviado entre tantos enfrentamientos: la posibilidad de escucharnos. En un país donde cada declaración se transforma en una pelea, donde la grieta atraviesa familias, amistades y hasta grupos de WhatsApp, la llegada de una figura espiritual internacional puede abrir un espacio de reflexión. No resolverá la economía, no hará desaparecer las diferencias ideológicas ni convertirá de la noche a la mañana a nuestros dirigentes en ejemplos de fraternidad. Pero quizás recuerde que la convivencia democrática necesita algo más que discursos encendidos y enemigos imaginarios.
La Argentina recibirá al Papa con todos sus contrastes: los barrios elegantes y las periferias olvidadas, los empresarios y los trabajadores, los creyentes fervorosos y quienes observan a la Iglesia con distancia. Habrá autoridades con trajes impecables, multitudes con banderas, vendedores de recuerdos y seguramente algún oportunista intentando conseguir la mejor ubicación para la fotografía. Es parte de nuestro folclore. Pero detrás de esa escenografía existe un pueblo que, más allá de sus creencias, merece un mensaje de esperanza y dignidad.
La mirada de Diucko Digital: León XIV no viene a hacer magia ni a repartir absoluciones políticas. Viene a encontrarse con una sociedad que arrastra heridas, conserva una enorme capacidad de solidaridad y todavía tiene mucho por reconstruir. Ojalá su paso por estas tierras sirva para recordar que la grandeza no se mide por la cercanía al poder, sino por la capacidad de mirar al que quedó afuera. Porque de nada sirve besar un anillo papal si después se le da la espalda al prójimo. Y como diría cualquier argentino con los pies sobre la tierra: menos cotillón, más corazón. Que los milagros, si llegan, nos encuentren haciendo nuestra parte.
DIUCKO DIGITAL RADIO EN VIVO
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora