Murió a los 82 años el cantante y compositor de Juan y Juan. Sus canciones hicieron bailar los veranos y acompañaron los grandes amores de la televisión argentina. En Diucko, la despedida también toca una fibra íntima: Alejandro Nizzero lo conoció en los años ochenta y Susana Leroux atraviesa la tristeza de perder a un buen amigo.
Hay canciones que empiezan a sonar y te cambian de habitación. Estabas en el presente y, de golpe, volvés al living de tus viejos: el televisor encendido, alguien preparando la cena y una voz que sale de la pantalla. No necesitás recordar el año. Te alcanza con reconocer lo que sentías.
Juan Marcelo tenía una de esas voces.
El cantante, compositor y músico, recordado por el dúo Juan y Juan, murió a los 82 años. La noticia fue difundida este jueves 29 de octubre por la Asociación Argentina de Actores y Actrices. Las informaciones más detalladas sitúan su fallecimiento el miércoles 28; hasta el momento no se comunicaron las causas.
Para quienes crecieron escuchándolo, la despedida llega con música. Y eso la vuelve particularmente difícil: uno intenta leer la noticia, pero la memoria ya está pasando un disco.
Había nacido en San Martín, provincia de Buenos Aires, en 1944, y su nombre era Enrique Raúl de Jesús. La popularidad lo encontraría junto a Juan Eduardo Carballo, con quien construyó una sociedad artística que se hizo un lugar en las radios, los bailes y la televisión.
“Balada para un gordo”, “Bailando en una pata”, “Un día de calor”, “Hay que alegrar al corazón” y “Ahora que soy libre” quedaron asociadas a aquel repertorio. Canciones con humor, romance y una alegría que entraba sin pedir permiso.
Tenían algo de muchachos de al lado. Esa cercanía que no se fabrica con una campaña: se reconoce. Y en un país donde siempre hubo motivos para hacerse mala sangre, regalar unos minutos de entusiasmo también fue un oficio valioso.
El archivo guarda una escena que merece volver a contarse.
En una entrevista publicada por Gente el 9 de abril de 1970, los dos recordaban su prueba ante Nicolás “Pipo” Mancera. Llegaron con canciones y nervios. El conductor les anunció que disponían de tres minutos.
Ellos empezaron a cantar. Mancera, según relataron, los escuchó de espaldas durante más de media hora. Al terminar, les dijo: “Debutan el sábado”.
Así de cortito. Una frase y la puerta abierta.
En aquella misma entrevista contaban que habían coincidido años antes en la televisión marplatense. Una ausencia en el programa los había llevado a cantar juntos para cubrir el espacio. Después vinieron caminos separados y el reencuentro en Bomarzo, el local que Juan Marcelo tenía en Buenos Aires.
La historia también dejó una imagen hermosa: durante la producción fotográfica se subieron a un mateo y se disputaron quién lo manejaba. Dos pibes jugando, mientras detrás de esa espontaneidad había jornadas enteras de composición. Porque la alegría parecía fácil; hacerla canción llevaba trabajo.
Su carrera continuó mucho más allá del dúo. Como solista y compositor quedó ligado a la ficción argentina y a los universos sentimentales de Alberto Migré.
Su música estuvo presente en “Rolando Rivas, taxista”, “Mi hombre sin noche”, “Dos a quererse” y “Piel naranja”. En “Amo y señor” compuso e interpretó “Eso me pasa por volar” y además participó como actor, en el papel de Adrián.
También pasó por el cine: su recorrido incluyó “El profesor patagónico”, junto a Luis Sandrini, “Ritmo a todo color” y “Cosa de locos”.
Ahí aparece la verdadera dimensión de su huella. Sus canciones acompañaban personajes, pero del otro lado había personas que las hacían propias. Amores que empezaban, despedidas que dolían, parejas esperando juntas el siguiente capítulo.
La televisión tenía horario. La emoción se quedaba un rato más.
Vivió durante 26 años en Miami, donde desarrolló tareas de composición y producción musical para otros intérpretes. Entre los artistas vinculados a esa etapa se mencionan Isabel Pantoja, José Feliciano, Julio Iglesias y Cristian Castro.
Con Juan Eduardo volvería a compartir proyectos. En 2014 editaron “Francisco” y “Dame tu mano”, esta última con participación de Juanse, en una reunión musical vinculada al primer pontificado argentino.
La despedida de Juan Eduardo Carballo tiene el peso de una vida compartida. En su mensaje evocó aventuras, dificultades y todo lo que habían construido juntos. Y escribió: “Sin vos nada va a ser igual. Te amaré el resto de mi vida”.
Después de tantos escenarios, esas palabras dejan ver lo que quedaba cuando se apagaban las luces: el compañero.

Para Alejandro Nizzero, propietario de Diucko, la noticia trae el recuerdo de haberlo conocido en los años ochenta. Hay encuentros que quedan unidos a una época de trabajo, canciones y personas que hicieron de la televisión una parte de su vida.
Susana Leroux, la Emperatriz de Diucko Digital, está muy apenada por la pérdida de un buen amigo. En esa tristeza hay una dimensión que ninguna discografía puede contar por completo: la del vínculo personal, la de quien despide a alguien querido.
Acompañamos a su familia, a sus amistades y a Juan Eduardo en este momento.
Quedan los discos, las imágenes y esas melodías capaces de encontrarnos desprevenidos. Un día van a sonar en una radio, en un video de archivo o en una sobremesa. Alguien va a reconocerlas, va a subir un poquito el volumen y va a recordar a otra persona.
Gracias, Juan Marcelo. Por la música y por todos los recuerdos que todavía vienen con ella.
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