
Hay noticias que caen como baldazo de agua fría a las 7 de la mañana con mate lavado… y esta es una. La radio, ese bicho raro que te acompaña sin que la veas, pegó un volantazo de esos que hacen ruido en el éter y también en el alma de los que crecimos escuchando voces que ya eran parte de la familia. Porque que Lizy Tagliani y Elizabeth Vernaci queden afuera de Radio Pop no es solo un movimiento de grilla… es como cuando te cambian el kiosco de la esquina y ya no es lo mismo, ¿viste?
Dicen que todo se venía cocinando a fuego lento, que lo tiró primero Ángel de Brito —que cuando tira, pega— y lo terminaron de confirmar en Intrusos, ese living mediático donde siempre hay alguien que te tira la posta. Y la posta esta vez vino con moño: ajuste, números, reestructuración… palabras frías para decisiones calientes. Porque en criollo, como diría la vieja escuela, “cuando no cierran los números, empiezan a cerrar puertas”.
Lizy, con esa mezcla de risa y verdad que tiene, contó que le avisaron después del programa, así, sin anestesia, como quien te dice “che, mañana no vengas”. Y ahí aparece otra postal bien de época: contrato por cinco años, iban dos y pico… y ahora a sentarse a charlar los porotos con Gustavo Yankelevich. Porque si algo enseñó la tele y la radio en este país es que “los contratos están para cumplirse… o para negociarse fuerte”.
El programa, ese que armaba la mañana con Marcela Feudale, Marixa Balli, Peto Colombo y Lola Cordero, ya tiene fecha de vencimiento. Fin de mes y a otra cosa, mariposa. Como esas temporadas de la tele noventosa que se cortaban de golpe y te dejaban con gusto a poco.
Y la Negra… la Negra es otra historia. Porque Elizabeth Vernaci no es solo una conductora, es una forma de decir, de provocar, de bancar la parada cuando nadie se anima. Y que también le bajen el pulgar por “reestructuración” suena a esa frase que todos conocemos: “no sos vos, soy yo”… pero en versión empresarial. Dicen que en su lugar podría caer José María Listorti, en otro de esos enroques que tiene el medio, donde hoy estás de un lado del micrófono y mañana del otro, como en una calesita que no para nunca.
Mientras tanto, Lizy no se queda quieta —porque el que es bueno, es bueno en cualquier cancha— y ya avisó que sigue en Olga, con teatro en “Annie” y con proyecto fuerte en tele. Porque si algo tiene este juego es que “el que se cae, rebota”… y a veces más alto.
Así está la cosa. La radio cambiando de piel, las figuras moviéndose como fichas de ajedrez y el público, del otro lado, preguntándose qué pasó. Pero en el fondo, como decía el gran Tato, “vermouth con papas fritas… y good show”, porque el show siempre sigue, aunque cambien los nombres en la marquesina.
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