Después de la pandemia, el Microcentro porteño enfrentó el desafío de recuperar la actividad en una zona que había perdido movimiento corporativo por el avance del trabajo remoto. Una de las alternativas fue transformar antiguos edificios de oficinas en viviendas, pero los costos y las dificultades técnicas limitaron esa posibilidad.

Ahora, el mercado de oficinas muestra señales de recuperación y vuelve a poner el foco en ese segmento, aunque con un concepto distinto. La demanda sigue activa, pero las empresas son más exigentes: además de la superficie y el precio del alquiler, evalúan la infraestructura, los servicios y los espacios compartidos que mejoran la experiencia de sus empleados.
«El Microcentro siempre fue una zona vinculada a la actividad corporativa y, después de la pandemia, se empezó a plantear la posibilidad de reconvertir parte de esos edificios en viviendas para darle una nueva dinámica», explicó Jennifer Astudillo Medina, analista de L.J. Ramos.
Sin embargo, advirtió que ese cambio «no es sencillo, no solamente por cuestiones arquitectónicas, de habilitaciones o de normativa, sino también por los costos que implica adaptar un edificio a otro uso».
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