
Hay cosas que el argentino conoce de memoria: el dólar blue, el bondi que no viene y el ex que reaparece justo cuando uno está más tranquilo que el Lole Reutemann en una conferencia de prensa. Vuelven, siempre vuelven. Como “Casados con Hijos”, como Mirtha que es eterna aunque la niebla digital la difumine.
Ese mensaje de “¿cómo andás?” llega siempre un martes gris, cuando vos estás con la autoestima prolijita, perfumada, lista para ser feliz sin rendir cuentas. Y ahí, pum: aparece este remake emocional que nadie pidió, pero que todos vimos.
La historia de los ex es muy argentina. Tiene olor a sobremesa con soda fría, a “no sabés lo que me dijo”, a amigas gritando “¡no vuelvas!” mientras vos igual stalkear. Porque como decía Tato Bores: “El problema no es que vuelvan, el problema es que siempre vuelven peor”.
Hay retornos que son como la reposición de “Grande, Pá!”: puro cariño, nostalgia y esas ganas de sentir que la vida alguna vez fue más simple. Pero hay otros que son la remake de “Muñeca Brava”: intensidad, piñas emocionales y esa sensación de que el guion lo escribieron los guionistas de Gran Hermano después de un asado pesado.
Los ex porteños, en particular, son un género artístico. Te caen con frases como:
– “Estuve pensando…”
– “Me acordé de algo tuyo…”
– “¿Te acordás ese finde en San Bernardo?”
La tríada del desastre. La A-B-C de la recaída.
Y uno, argentino al fin, se tienta. Porque somos un pueblo que insiste, que prueba una vez más, que cree que “esta vez sí”. Que se come la pastilla como si escuchara a Mirta Legrand diciendo: “El público se renueva”, mientras el corazón se repite el mantra nacional: “No seas boludo”.
Pero ahí vamos.
Otra vez.
Porque somos así: melancólicos con esperanza, nostálgicos con ganas de quilombo emocional moderado.

La gran pregunta es:
¿Conviene? ¿Vale la pena?
¿O estamos repitiendo temporada como tele de verano cuando no hay programación?
La respuesta es simple:
Volver con un ex es como ver un clásico argentino: sabés cómo termina, pero igual lo ves.
Y a veces, contra todo pronóstico…
te sorprende.
Otras no.
Otras, terminás diciendo como el Diego:
“Me cortaron las piernas”.
Pero bueno, así es este país y así somos nosotros.
Entre remakes, reestrenos y corazones que quieren hacer la gran “volver a empezar”, como decía Alejandro Lerner, aunque ya sepamos que la película estaba bien como estaba.
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