
Por Cristian Iuale – Diucko Multimedios
Hay carreras que valen más que un podio. Carreras que no se miden solamente con la bandera a cuadros sino con el coraje, la muñeca y esa cosa que los fierreros llamamos “tener nafta en la sangre”. Lo que hizo Franco Colapinto en el Gran Premio de China fue exactamente eso: una demostración de carácter arriba de un Fórmula 1.
El pibe de Pilar largó desde el puesto 12 y, como dicen los viejos del automovilismo, cuando se apagó el semáforo rojo salió como trompada de loco. En la primera vuelta ya había ganado seis posiciones y se metió de lleno en la pelea grande. Manejó con esa mezcla rara de audacia y cabeza fría que tienen los que nacieron para correr. No es casualidad: a Colapinto lo ves en el cockpit y parece que el auto fuese una extensión de su propio cuerpo.
Durante varios pasajes de la carrera en Shanghái llegó a estar segundo, algo que para un argentino en la Fórmula 1 es como ver pasar a Fangio saludando desde el box. Después el destino, ese que a veces juega a las escondidas en las carreras, le tiró un poco de tierra en el carburador con un incidente en pista que lo retrasó. Pero Franco no se achicó. Volvió a acelerar, volvió a pelear y terminó décimo, sumando su primer punto con Alpine en la temporada.
El resultado final dirá que ganó el joven italiano Andrea Kimi Antonelli con Mercedes, seguido por George Russell y con Lewis Hamilton completando el podio. () Pero para nosotros, los que crecimos escuchando motores y soñando con ver otra vez un argentino peleando en la Máxima, la historia tuvo otro protagonista.
Porque Colapinto corre con esa cosa que no se entrena. Eso que tenía el Lole Reutemann cuando largaba en Silverstone, eso que tenía Traverso cuando se tiraba por afuera en el Gálvez. El pibe tiene hambre de pista, muñeca para defender y ese instinto de corredor que no se compra ni con millones ni con túnel de viento.
Lo más lindo de todo es que esto recién empieza. Alpine todavía está acomodando el auto, el campeonato recién arranca y el calendario todavía tiene un montón de curvas por delante. Pero cuando un piloto demuestra que puede ganar seis posiciones en la largada y bancarse una carrera áspera en un circuito complicado como Shanghái, algo queda claro: acá hay material de sobra.
En el mundo del automovilismo hay una frase que nunca falla: “los campeones se ven antes de que ganen”. Y Colapinto empieza a mostrar esos destellos. No sé si será mañana, el año que viene o dentro de tres temporadas. Pero cuando ese día llegue, nadie va a poder decir que no lo vio venir.
Porque Franco no maneja un Fórmula 1.
Franco lo siente.
Y cuando un piloto siente el auto… agárrense fuerte, porque ese motor todavía tiene muchas vueltas para dar.
DIUCKO DIGITAL RADIO EN VIVO
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora