EL ENCARGADO: EL QUE TIENE LAS LLAVES Y UN PEDAZO DE NUESTRA HISTORIA

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EL ENCARGADO: EL QUE TIENE LAS LLAVES Y UN PEDAZO DE NUESTRA HISTORIA

En un edificio argentino hay alguien que vio crecer a los chicos, cambiar a los vecinos y pasar más mudanzas que un fletero. El que reconoce el ruido del ascensor, sabe dónde se corta el agua y te encuentra con las bolsas del supermercado justo cuando se te cae una mandarina.

El encargado. Para muchos, el portero de toda la vida. Aunque lo más lindo sigue siendo llamarlo por su nombre.

Este 2 de octubre se celebra el Día del Trabajador de Edificios. La fecha recuerda la fundación, en 1942, del Sindicato Único de Encargados y Ayudantes de Casas de Renta, antecedente del actual SUTERH. Hoy se cumplen 84 años de aquella organización.

Y acá viene la primera perlita: el sindicato nació porque estos trabajadores buscaban que su oficio tuviera un reconocimiento propio. Hasta entonces estaban agrupados con el personal de casas particulares. Cuidar un edificio, sus instalaciones y sus espacios comunes requería una organización específica. Como decían en casa: cada cosa en su lugar. También los derechos.

En 1947, la Ley 12.981 estableció un estatuto para los encargados de casas de renta, con disposiciones sobre descansos, vacaciones e indemnizaciones. Detrás del hall reluciente había un laburo que necesitaba reglas. Vivir en el lugar de trabajo podía volver demasiado finita la frontera entre estar en casa y estar de servicio.

Otra perlita está escondida en el nombre del gremio. En 1959 pasó a llamarse Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal. La propiedad horizontal había permitido que los departamentos de un mismo edificio pertenecieran a distintos dueños. Y ahí apareció ese personaje colectivo que los argentinos conocemos demasiado bien: el consorcio.

Una reunión de consorcio merece archivo propio. Uno pide pintar, otro dice que no hay plata, alguien quiere cambiar el ascensor y del fondo llega el clásico: “Yo casi no lo uso”.

Cada loco con su tema. Y todos con la misma terraza.

Por eso, cuando llegaron Mariano Cohn y Gastón Duprat con El encargado, encontraron un universo servido: vecinos, jerarquías, secretos y disputas por esos metros cuadrados que cada uno considera propios. La serie se estrenó el 26 de octubre de 2022, con Guillermo Francella como Eliseo y Gabriel “Puma” Goity como Matías Zambrano, su rival al frente del consorcio.

El conflicto inicial tenía una crueldad bastante concreta: construir una pileta en la terraza implicaba demoler la vivienda del encargado y prescindir de sus servicios. Para unos, una mejora del edificio. Para Eliseo, quedarse sin casa y sin trabajo. La soga siempre se corta por lo más fino, diría una abuela. Pero este muchacho tenía otros planes.

Francella le puso una sonrisa impecable a un personaje capaz de convertir cada favor en una pieza de su estrategia. Eliseo escucha, observa y toma nota mental. Conoce las debilidades del edificio casi tan bien como las cañerías.

“Como te ven, te tratan”, suele decir Mirtha Legrand. Eliseo parece haber estudiado la frase: saluda con amabilidad, ofrece ayuda y cuida las formas. Después, cuando la puerta se cierra, empieza otra función.

Y hay una perlita deliciosa de la preparación de Francella: tuvo que aprender tareas del oficio, desde lustrar la botonera del portero eléctrico hasta enrollar la manguera. Contó que, cuando se ponía a manguerear, le corregían: “No, así no”. Porque una cosa es actuar de encargado y otra saber hacer el trabajo. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, y una manguera mal enrollada te manda al frente enseguida.

La ficción sigue creciendo: en 2026 llegó su cuarta temporada a Disney+. Eliseo llevó sus maniobras mucho más allá del edificio. Pero ese personaje es una criatura de comedia negra; el homenaje de hoy pertenece a los trabajadores de carne y hueso.

A quienes mantienen los espacios comunes, avisan una pérdida y conocen los rincones de un edificio después de años de oficio. Y también a quienes, sin que figure en ninguna planilla, se vuelven parte de la memoria de una familia.

Porque uno puede olvidarse del número del departamento donde vivió de chico. Pero se acuerda de quien le devolvía la pelota, lo saludaba cuando volvía del colegio o lo veía salir vestido para su primer laburo.

Feliz día a los encargados. Hoy, además del saludo, va un gracias.

 

 

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