HALCONES & PALOMAS LEVANTÓ VUELO: MORITÁN ENCENDIÓ LA MESA

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HALCONES & PALOMAS LEVANTÓ VUELO: MORITÁN ENCENDIÓ LA MESA

Todos los martes de 19 a 21, por Diucko TV, Leo Rossi conduce una mesa donde las diferencias tienen lugar y las preguntas vienen con repregunta. Con la producción de todo el equipo de “Fuera del Radar”, Halcones & Palomas debutó el 13 de octubre con Roberto García Moritán como primer invitado, Daniela Aruj y un panel que enseguida mostró los dientes. Hubo discusión sobre pena de muerte, jubilados, cultura y un cruce con Carlos Campolongo que dejó unas cuantas plumas en el estudio.

Los martes tienen nueva cita para quienes disfrutan de la política cuando sale del discurso ensayado y se encuentra con una pregunta incómoda. Halcones & Palomas estará todos los martes de 19 a 21 horas por Diucko TV, con la conducción de Leo Rossi y la producción de todo el equipo de “Fuera del Radar”. Dos horas para discutir el país, escuchar posiciones distintas y ver cuánto resiste un argumento cuando alguien del otro lado pide explicaciones.

El estreno del martes 13 de octubre reunió a Carlos Campolongo, periodista y analista político; Federico Lemos, periodista; Hernán Grimalt, creador de contenidos; el doctor en Derecho Gustavo Delia; Myriam Verdú y Cristian Iuale. Una mesa con experiencia, temperamentos diferentes y algo indispensable para un programa de debate: ganas de meterse en la conversación.

Rossi abrió con la pregunta que le da identidad al ciclo: ¿sos halcón o sos paloma? Algunos eligieron rápido; otros avisaron que depende del tema. Y tuvieron razón en reservarse un margen, porque cuando aparecieron la inseguridad, los jubilados y el bolsillo, las etiquetas empezaron a quedar chicas.

Como diría en este caso Enrique Pinti, “en la cancha se ven los pingos”. Y en esta mesa, las posiciones se vieron apenas llegó el primer invitado.

Roberto García Moritán, empresario y dirigente político, no fue solamente a brindar por el estreno. Se sentó, respaldó la continuidad de Javier Milei, confirmó que quiere competir por la jefatura de Gobierno porteña y abrió la discusión sobre la pena de muerte. Después propuso eliminar ministerios, cuestionó el financiamiento estatal de la cultura y chocó con Campolongo por los símbolos políticos y la imagen de Eva Perón.

La asesora de comunicación Daniela Aruj, también invitada a esta primera emisión, sumó una mirada que puso a prueba varias de esas declaraciones: una cosa es conseguir que todos hablen de un candidato y otra es convencer a los vecinos de que puede gobernar.

Con ese arranque, la noche ya tenía por dónde seguir. Moritán quería explicar su regreso a la pelea política. Campolongo tenía preguntas sobre lo que había cambiado desde sus encuentros en Intratables. Y el resto de la mesa estaba dispuesto a discutir cuánto de las promesas alcanza para responder a lo que pasa en la calle.

García Moritán dejó clara su posición desde el comienzo. Sostuvo que el modelo económico del Gobierno necesita tiempo y defendió la posibilidad de una continuidad de Milei durante otro mandato.

Su argumento estuvo apoyado en el equilibrio fiscal, el orden de las cuentas públicas y la determinación presidencial. Para él, resolver problemas acumulados exige sostener el rumbo y asumir ahora costos que, de otro modo, terminarían trasladándose a los hijos y a los nietos.

En esa mirada, el esfuerzo presente tiene una justificación futura. La dificultad apareció cuando Federico Lemos llevó la conversación hacia quienes no pueden esperar a que ese futuro llegue.

Ahí estuvo una de las diferencias que atravesaron toda la emisión. Moritán habló de un proceso que necesita maduración; Lemos insistió en las urgencias de quienes hoy no llegan a fin de mes. No discutían solamente una medida económica. Discutían cuánto tiempo se le puede pedir a una persona que aguante.

 Esa pregunta nos parece central. La paciencia tiene un valor precioso cuando alcanza para pagar el alquiler. Cuando falta para los remedios, se vuelve un lujo.

“¿Cambiaste?”

Campolongo no necesitó un prólogo para entrar en tema. Recordó los encuentros con Moritán en Intratables y quiso saber si el hombre que tenía enfrente había modificado sus ideas.

Moritán respondió que hoy se considera más experimentado, que entiende mejor la política y que está más preparado. Pero la conversación se volvió interesante cuando empezó a hablar de lealtad.

Dijo que los acuerdos no garantizan protección y admitió que le habían soltado la mano. También explicó que, cuando habló de haber perdido todo, se refería a cuestiones que consideraba fundamentales: su proyecto profesional y su familia.

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No desarrolló allí una entrevista sobre su intimidad. Usó ese pasado para explicar su presente político. Su relato fue el de alguien que perdió, aprendió y ahora cree estar en mejores condiciones para volver a disputar poder.

Incluso reconoció el oportunismo de quienes, según su interpretación, prefirieron verlo fuera de la escena. Y agregó una observación poco complaciente con su propia experiencia: tal vez, en el lugar de ellos, habría hecho lo mismo.

La frase dejó al descubierto una forma bastante áspera de entender la política. Las alianzas sirven mientras los intereses acompañan; después, cada cual cuida su silla.

Campolongo resultó especialmente eficaz en ese intercambio porque conoce los códigos de la discusión pública. Periodista, abogado y psicólogo, con una extensa trayectoria en los medios y un paso reconocido por Intratables, tiene herramientas para escuchar tanto lo que una respuesta dice como lo que intenta dejar afuera.

En el debut se mostró cómodo en una mesa intergeneracional. Y enseguida quedó claro que su experiencia iba a intervenir en el debate.

Hernán Grimalt llevó a la mesa el miedo que viven quienes se desplazan en moto y recordó gestiones realizadas ante dirigentes políticos. Su planteo tuvo una dimensión muy concreta: reuniones, pedidos de ayuda y la sensación de que las respuestas no llegan.

Moritán aprovechó para explicar una reunión que habían mantenido cuando él era legislador porteño. Dijo que había intentado hacer algunos llamados, que no obtuvo respuesta y que el asunto excedía sus posibilidades de intervención. Grimalt insistió en la frustración que produce encontrar puertas abiertas para conversar y tan pocos resultados después.

Gustavo Delia sumó otra mirada: sostuvo que se le exige a la Justicia resolver problemas para los que el poder político no ofrece respuestas suficientes. Su posición fue dura, especialmente respecto de la inseguridad bonaerense.

En ese contexto, Moritán planteó que, si era necesario para empezar a discutir cómo defender a las víctimas, había que poner sobre la mesa la pena de muerte.

Rossi tomó la declaración y la convirtió en pregunta para el panel. El programa ya tenía su primera polémica mayor.

Conviene precisar lo que ocurrió: Moritán abrió esa discusión, pero no presentó un proyecto ni explicó un mecanismo de aplicación. Fue una posición expresada durante el debate, sostenida a partir de su indignación frente a delitos aberrantes y de la necesidad, según su mirada, de endurecer los castigos.

Federico Lemos rechazó la idea. Cuestionó su eficacia para reducir la inseguridad y señaló la contradicción entre esa posibilidad y la identificación católica que el invitado había mencionado.

Moritán respondió apelando al dolor de una familia a la que le asesinan un hijo. El intercambio llegó entonces a un terreno especialmente sensible: si la condición de padre modifica la autoridad con la que alguien puede hablar sobre el castigo.

Lemos mantuvo su rechazo. Su posición fue que el Estado no debe matar a una persona, aun frente a crímenes atroces.

Myriam Verdú puso el acento en los casos en los que una mala actuación judicial termina exponiendo a otras víctimas. Cristian Iuale manifestó que compartía el sentimiento de indignación frente a la inseguridad y las zonas que describían como liberadas. Esas intervenciones acompañaron el reclamo de protección, aunque no corresponde convertir cada expresión de hartazgo en una adhesión inequívoca a la pena de muerte.

Campolongo discutió la premisa de que una sanción más extrema, por sí sola, resuelva el problema. Pidió pensar en un dispositivo integral, con instrumentos, coordinación y políticas capaces de producir resultados.

Ahí apareció un desacuerdo de fondo con Moritán. El invitado defendió una lógica de premios y castigos; Campolongo cuestionó que se depositara tanta confianza en la amenaza de la pena.

La angustia de las víctimas merece ser escuchada sin vueltas. También merece respuestas que funcionen. Entre ambas cosas hay un trabajo enorme que ninguna frase, por contundente que sea, puede ahorrarse.

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La defensa del rumbo económico tuvo otra prueba cuando el debate llegó al sistema previsional.

Lemos cuestionó la situación de los jubilados y señaló el deterioro que describía en quienes perciben los ingresos más bajos. Además, rechazó que se equiparara falta de aportes con falta de trabajo: recordó que hay personas que trabajaron, pero cuyos empleadores no realizaron los aportes correspondientes.

Es una diferencia que cambia toda la conversación. Detrás de un registro incompleto puede haber décadas de trabajo informal, tareas de cuidado o empleadores que se hicieron los distraídos.

Moritán sostuvo que a los jubilados hay que cuidarlos y atribuyó buena parte del problema a decisiones de gobiernos anteriores y a las dificultades estructurales del sistema. En medio de ese intercambio apareció una propuesta suya que merece atención: destinar un porcentaje de la actividad minera a un fondo para jubilados.

Mencionó un 3% vinculado a la minería, planteado al momento de negociar inversiones y sin modificar posteriormente las reglas.

La idea quedó enunciada. No se explicó cómo se instrumentaría, quién administraría los recursos ni cuánto podría aportar. Pero dejó una pregunta interesante para próximas emisiones: cómo compatibiliza esa propuesta con su defensa de un Estado más pequeño y con su rechazo a otras formas de financiamiento público.

El debate también volvió sobre las moratorias, las AFJP y la responsabilidad de distintas administraciones. Hubo cruces y reproches históricos. Sin embargo, el presente seguía esperando una respuesta.

Mejor nos quedamos con esta reflexión nuestra “Mientras buscamos quién rompió la olla, alguien tiene que darle de comer a la familia”. La historia importa. El vencimiento de la farmacia, también.

Moritán no dejó su ambición electoral librada a interpretaciones.

“Creo que sería un gran jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”, afirmó. Cuando Rossi le preguntó si ese era su objetivo, lo confirmó.

Dijo que pertenece al Partido Demócrata Progresista, que cuenta con su acompañamiento y que está dispuesto a recorrer ese camino. También dejó abierta la posibilidad de una alianza con La Libertad Avanza.

Eso fue lo que expresó en el programa: una intención de competir y una disposición a explorar acuerdos. La conversación no convirtió esas posibilidades en una candidatura formalizada ni en una alianza cerrada.

También sostuvo que le gustaría disputar una interna con Jorge Macri y un candidato libertario, si las condiciones electorales lo permitieran.

Al revisar su experiencia de 2023, explicó que se había sumado al proyecto de Jorge Macri porque entonces lo consideraba la mejor opción. Hoy, aseguró, tomaría otra decisión.

 

La declaración resumió su búsqueda de regreso. Ya no quiso presentarse como un empresario que empieza a conocer el terreno, sino como un dirigente que afirma haber aprendido de sus golpes.

Cuando Rossi le preguntó por la posibilidad de que reaparecieran denuncias relacionadas con su paso por el ministerio, Moritán las rechazó y las atribuyó a operaciones políticas. También defendió su gestión y mencionó reducciones de estructura y simplificación de trámites.

Entre sus propuestas para Buenos Aires, Moritán habló de eliminar Ingresos Brutos, prescindir de pauta oficial, reducir burocracia y dar de baja los ministerios de Cultura y de Desarrollo Económico.

Moritán sostuvo que debía depender de Educación y cuestionó que los sectores pobres financiaran actividades culturales. Su confianza estuvo puesta en el desarrollo privado como motor para resolver necesidades.

Lemos llevó la conversación a un ejemplo barrial: qué pasa con el chico que encuentra en un centro cultural su única posibilidad de acercarse a una guitarra o de aprender a pintar.

La pregunta puso un rostro sobre el presupuesto. Porque “la cultura” puede sonar a una partida lejana hasta que se traduce en el taller al que va tu hija después de la escuela.

Moritán vinculó parte de esos espacios con estructuras partidarias y planteó revisar casos. El intercambio dejó una diferencia clara sobre el papel del Estado y sobre qué oportunidades deben sostenerse aunque no produzcan rentabilidad.

En criollo: ¿quién paga la clase cuando la familia no puede?

La discusión por la imagen de Eva Perón en el edificio de la avenida 9 de Julio produjo uno de los choques más filosos.

Moritán cuestionó la presencia de figuras partidarias en edificios públicos y mencionó a René Favaloro y Lionel Messi como ejemplos de personalidades que, a su entender, podrían unir a los argentinos.

Campolongo objetó el enfoque. Le pidió no caer en una lectura binaria y cuestionó que el debate volviera siempre a los mismos símbolos cuando había tantos problemas pendientes.

“No seas binario, viejo, por favor”, le dijo.

El tono subió cuando Moritán calificó al edificio como un “monumento de la corrupción”. Campolongo le señaló que estaba provocando. El invitado sostuvo su caracterización y la acompañó con una versión sobre la historia del edificio.

La escena condensó dos formas de intervenir en política. Moritán defendió el impacto de disputar símbolos; Campolongo cuestionó la utilidad de insistir en una confrontación que vuelve a separar a los argentinos en casilleros conocidos.

Daniela Aruj sumó una observación especialmente certera: una propuesta puede instalar a alguien en el centro de la discusión y, aun así, decir poco sobre su capacidad para responder a las necesidades de los vecinos.

El porteño al que le falta una obra o teme perder el centro cultural del barrio puede tener otras prioridades.

Moritán, además, reconoció que cuando se dispone de pocos recursos hay que ser creativo para llamar la atención y entrar en la conversación pública. Con esa explicación, dejó a la vista que la provocación también forma parte de su estrategia.

Hasta ahí, el mecanismo funciona: se dice algo fuerte y todos hablan. La pregunta de Aruj empieza después.

La asesora de comunicación explicó que su trabajo consiste en ayudar a visibilizar características y capacidades que un candidato debe tener, en sintonía con lo que una comunidad necesita.

Ese punto ordenó buena parte del debate posterior. El posicionamiento importa, el carisma ayuda y una campaña puede abrir puertas. Pero la posibilidad de gobernar exige algo más.

Aruj puso el acento en la empatía y cuestionó los discursos que desestiman las dificultades económicas de las personas. También advirtió sobre la costumbre de votar para impedir que gane otro, en lugar de elegir una propuesta que convenza por sus propios méritos.

Cuando la conversación pasó a los candidatos outsiders, sostuvo que existe espacio, aunque requiere conocimiento público, trabajo territorial y capacidad para generar confianza.

Su intervención más incisiva llegó al discutir la épica del salvador. Puso en duda que la Argentina necesite seguir esperando a una figura providencial que venga a resolverlo todo.

En una mesa pendiente de quién puede ocupar el sillón presidencial, pidió mirar las condiciones para cumplir lo que se promete.

Hay una frase de Mostaza Merlo que viene al caso: “Paso a paso”. En una campaña quizá no tenga el brillo de un anuncio explosivo, pero sirve para recordar que entre hacerse conocido y estar preparado hay unos cuantos escalones.

La discusión económica también tuvo una escena reconocible: la pelea por la foto.

Un shopping lleno fue presentado como señal de consumo. Del otro lado aparecieron los comercios cerrados, los locales en alquiler y las dificultades de las pymes.

Grimalt sumó la transformación de los hábitos de compra y el avance del comercio electrónico como parte de la explicación. Aruj reclamó ampliar la mirada y contrastar las impresiones con información sobre actividad y consumo.

Rossi agregó su observación sobre Caseros: recordó momentos de movimiento comercial, pero también señaló locales que hoy veía vacíos.

El intercambio dejó algo útil. La experiencia personal permite advertir lo que pasa cerca; no alcanza por sí sola para describir un país. Ni las bolsas de un shopping prueban que todos están mejor ni un local cerrado explica toda la economía.

Más adelante, el programa presentó un 1,9% de inflación mensual para septiembre, atribuido durante la emisión al INDEC. Lemos insistió en que el análisis debe incluir los salarios, mientras otras intervenciones destacaron la diferencia respecto de los altos niveles inflacionarios de años anteriores.

Ese fue el desacuerdo: qué valor tiene la desaceleración y cómo se traduce en la vida diaria.

Porque el precio puede aumentar más despacio y seguir encontrando un sueldo que corre detrás. El alivio existe para quien logra alcanzarlo.

El uso de la expresión “nunca más”, aplicada al kirchnerismo, provocó otra objeción de Lemos. El periodista cuestionó su utilización partidaria por el significado que tiene en la memoria argentina respecto de la dictadura.

Campolongo, a su vez, reclamó una responsabilidad especial del presidente en el trato hacia los periodistas. Admitió problemas del oficio y recordó los enfrentamientos del kirchnerismo con la prensa, pero sostuvo que la investidura presidencial exige una conducta ejemplar.

Fue un punto importante en una emisión atravesada por desacuerdos: el lenguaje también produce consecuencias.

Delia mantuvo una posición fuertemente crítica del peronismo y defendió ideas liberales. Verdú intervino en las discusiones sobre justicia, gestión y obra pública. Iuale se definió como halcón y, desde el comienzo, apostó a que por esa mesa pasará quien ocupe la Presidencia.

Lemos buscó devolver varios debates a las necesidades del presente. Grimalt aportó la experiencia de quienes reclaman seguridad y su lectura sobre los cambios en el consumo. Campolongo cuestionó tanto al Gobierno como las limitaciones de su propio espacio político.

Hacia el cierre, el veterano periodista dejó una distinción que merece conservarse: consideró posible una reelección de Milei, pero dijo que no lo apoyaría.

Pronosticar un resultado no equivale a desearlo. En una conversación política, reconocer esa diferencia permite escuchar mejor.

Halcones & Palomas terminó su estreno con bastante más que una presentación de nombres. Dejó la intención electoral de Moritán, una polémica severa sobre el castigo, diferencias sobre jubilados y cultura, y un contrapunto entre provocación y capacidad de gestión.

También dejó discusiones que necesitan volver con más tiempo, datos y respuestas. El fondo minero para jubilados, el financiamiento cultural, las políticas de seguridad y la relación entre inflación y salarios merecen una segunda vuelta sin que la superposición de voces les quite claridad.

Rossi cerró anunciando la continuidad del ciclo los martes a las 19 por Diucko TV. El desafío será aprovechar lo que mostró esta primera emisión: un panel dispuesto a preguntar y un invitado que aceptó exponerse.

Desde la Redacción nos quedamos con una escena: Moritán decidido a instalar su regreso, Campolongo corrigiéndole el marco de la discusión y Aruj preguntando qué hay detrás de aquello que consigue llamar la atención.

Ahí hay programa.

Y hay una pregunta para los próximos invitados: cuando termine el ruido y llegue la hora de explicar cómo se paga, cómo se hace y a quién beneficia, ¿van a seguir sentados?

Porque el primer martes volaron unas cuantas plumas. Ahora habrá que ver qué propuestas consiguen aterrizar.

 

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