
Por Myriam Alejandra verdu
Exigimos que los gobiernos terminen con los conflictos, reclamamos respuestas a los líderes mundiales y esperamos que las máximas autoridades religiosas hablen de paz. Pero hay una pregunta que incomoda: ¿cuánta paz somos capaces de construir nosotros mismos cuando todavía vivimos atrapados en el odio, la intolerancia y el resentimiento?La paz no es simplemente que dejen de sonar las armas. Es respeto, justicia, diálogo y la capacidad de convivir con quien piensa, cree o siente diferente. Hay paz cuando el conflicto puede resolverse sin violencia, cuando una diferencia política no se convierte en enemistad y cuando una religión no se transforma en una excusa para atacar al otro. Pero mientras hablamos de paz en grandes escenarios, también existen pequeñas guerras todos los días: dentro de las familias, entre vecinos, en los lugares de trabajo y en las redes sociales.Le exigimos paz a los presidentes, a los gobiernos, a las organizaciones internacionales, al Papa, a los rabinos y a los máximos referentes religiosos. Les pedimos que detengan guerras, que sienten a las partes a dialogar y que protejan a quienes sufren. Y está bien exigirlo: quienes tienen poder tienen responsabilidad. Pero también tenemos que mirarnos al espejo. ¿Qué hacemos nosotros cuando alguien piensa diferente? ¿Escuchamos o atacamos? ¿Dialogamos o insultamos? ¿Perdonamos o acumulamos odio? Porque resulta contradictorio reclamar un mundo en paz mientras convertimos cada diferencia en una batalla.
La paz comienza donde nadie la ve: en la conciencia de cada persona. No alcanza con exigir que otros depongan las armas si nosotros seguimos disparando palabras, desprecio, discriminación y odio. No habrá paz verdadera mientras sigamos esperando que cambie el mundo sin preguntarnos qué debemos cambiar nosotros. La paz no es responsabilidad exclusiva de quienes gobiernan: también es responsabilidad de quienes votan, opinan, educan, creen, comunican y conviven. Y quizá la pregunta más dura sea esta: si mañana todos los gobiernos firmaran la paz, ¿nosotros estaríamos preparados para vivirla?

“La paz no comienza cuando los enemigos dejan de enfrentarse; comienza cuando dejamos de necesitar un enemigo para sentir que tenemos razón.
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